Curioso el título del post de hoy, ¿cierto? Me apetece hablaros sobre por qué ser callado no significa ser raro. Hay quien opina que cuando eres callado o hablas poco eres raro. Todas las opiniones son respetables.
Lo normal es hablar. Mucho, normal o poco. Pero hay quien, como me pasa a mi, es callado. Vayamos por partes. Es cierto, soy callado en muchas ocasiones, puede que en parte por lo introvertido que he sido normalmente (aunque cada vez menos).
Por otro lado, puede que sea callado en ocasiones porque me gusta escuchar. Cuando no hablo, intento aprender, sacar conclusiones, pensar, analizar a quien escucho en cuanto a qué dice, cómo lo dice y por qué lo dice.
En ocasiones, si estoy inmerso en algún ambiente de debate o conversación improductiva, no participo porque no tengo nada que aportar. Lo considero una especie de ahorro de recursos.

Otras veces, en ese mismo ambiente de debate quizás existe algún momento puntual en el que te apetece decir algo, pero el silencio hace que medites. Es entonces cuando te das cuenta de que tu aporte solo es fruto de un segundo en caliente, que al poco se enfría y que no aportará ninguna ayuda a conseguir ningún logro. Seguimos ahorrando.
El silencio te permite emplear la energía a crear en otras latitudes
Hay quien no soporta el silencio y no participar aún aportando cosas inocuas a una conversación es todo un suplicio. Por contra, hay quien sabe apreciar el estar callado, incluso navegando mentalmente hacia otros planos ajenos o no a la conversación o debate que se tiene delante de los ojos.
A quienes nos gusta generar ideas de forma constante nos encanta tener nuestros ratos de aislamiento. Eso no significa ser raro. En mi caso, ya tengo suficiente tiempo para hablar (incluso a veces demasiado) en mis clases, donde no callo ni bajo el agua. Ser callado no significa serlo en todas las situaciones, solo significa que tu eliges los momentos.
Photo credit: Jorge Flores


