Entre nativos digitales y maduros analógicos

En tierra intermedia me hallo, en este momento, junto a mi generación y alguna que está un poco delante y un poco detrás, entre nativos digitales y maduros analógicos.

Sigo, como espectador, entusiasmado por la revolución de internet, los dispositivos que nos dan acceso a el, la movilidad 24 horas, la eliminación de distancias gracias a la red y el fascinante aquí y ahora.

Sigo, con envidia sana, pero envidia al fin y al cabo, viendo como evolucionan los nativos digitales, como se adaptan a este mundo y como intuitivamente son capaces de, a modo multitarea, dejarnos en pañales a los que en edad estamos por delante. Envidia profunda, aunque me siento afortunado de haber podido vivir esta maravillosa etapa de nuestras vidas. Cambio profundo. Y ya sabéis, no hay nada inmutable, solo el cambio.

El apasionante mundo de los nativos digitales
El apasionante mundo de los nativos digitales

Sigo, con respeto y atención, qué cosas dicen algunos maduros analógicos acerca de todo esto e intento comprenderles. Es duro no adaptarse a un comportamiento tecnológico, o simplemente sentirse fuera de lo nuevo que hacen las generaciones que van llegando. O simplemente distante y con rechazo hacia todo esto, incluso llegando a maldecirlo.

Recuerdo que el otro día escuchaba a un maduro analógico decir a un nativo digital: «con tanta tecnología os estáis embruteciendo».

Dura reflexión y duro comentario. Como espectador intenté entenderlo y lo entendí. Me encanta ser un espectador privilegiado para poder sacar conclusiones clave que me permitan entender el qué y el cómo. Es fundamental hoy recabar este tipo de feedback para luego ponerlo encima de la mesa a la hora de diseñar estrategias y acciones orientadas a unos y a otros. Palabras, mensajes, tonos, puntos de vista, diálogos, reflexiones, matices, …

Hay tanto por hacer y aprender, ¿cierto?

 

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