Es mejor hecho que perfecto es una apuesta sencilla basada en que avanzar pesa más que pulir. Se trata de elegir movimiento frente a parálisis. En la práctica, significa publicar, presentar, llamar, enviar o prototipar, para después ajustar. Sheryl Sandberg, economista, autora y directora ejecutiva estadounidense, lo deja claro, apostando por que el progreso llega cuando te atreves a terminar lo que empiezas, aunque no lleve la etiqueta de obra maestra.
El perfeccionismo se disfraza de exigencia, pero a menudo es miedo a equivocarte, a que te juzguen o a que tu trabajo no sea suficiente. La ironía es que lo perfecto casi nunca se alcanza en solitario, ya que se construye a base de feedback, fricción y realidad.

Productividad real: cómo avanzar cuando la mente pide perfección
La productividad real se basa en terminar las cosas importantes. Cuando la mente pide perfección, suele pedir también una excusa para aplazar. Vaya, lo que llamamos procrastinación.
El perfeccionismo suele venir con una voz interna muy convincente, que te dice que esperes el momento ideal, porque aún falta experiencia o porque necesitas otra herramienta. Pero, en realidad, lo que falta casi siempre es exposición.
Terminar lo que empiezas es una forma de valentía cotidiana. Curiosamente, esa postura baja los niveles de ansiedad, porque la mente deja de cargar con cien versiones imaginarias. Por tanto, si cumples con una, das un gran paso en todos los sentidos.
Acción imperfecta: cómo convertir ideas en resultados
La acción imperfecta se entrena, como tantas otras cosas en la vida. Pon límites claros, trabaja por versiones y celebra el final, aunque sea pequeño. Terminar crea energía, no lo dudes.
Si estás empezando algo, busca el mínimo entregable, algo tangible que te indique que vas por la ruta correcta. Sin duda, es mejor hecho que perfecto es una estrategia para vivir con menos peso y más impacto.
Photo credit: FA


