Arrancamos una interesante serie de post que quiero enfocar en dos conceptos sobre los que cuanto más investigo, más me gustan: los prejuicios y las falacias. En este primer post de la serie hablaremos de las falacias en el marketing: argumento desde la falacia, afirmación del consecuente y negación del antecedente.
Dentro de las falacias formales, tenemos 3 variantes a destacar: Argumento desde la falacia, afirmación del consecuente y negación del antecedente. Veamos los 3 tipos por separado:
Argumento desde la falacia
También denominado como argumento ad lógicam, indica que si un argumento es una falacia, su conclusión debe ser obligadamente falsa.
Una falacia lógica no es necesariamente errónea en su conclusión, aunque sí lo es en el razonamiento que lleva a esta conclusión, ya que aunque la estructura a la hora de razonar sea falaz (bien sea a causa de su construcción o a causa de sus premisas), la conclusión puede llegar a ser correcta de manera fortuita.
Ejemplo aplicado al marketing: «Las ventas caen porque hay mucho rumor en el mercado». La conclusión «las ventas caen» puede ser cierta con datos objetivos en la mano, pero puede que no exista un argumento válido para aceptar que existen los rumores en el marcado y que éstos influyen directamente en la caída de las ventas.

Afirmación del consecuente
Ocurre cuando concluimos que el segundo término de una premisa consecuente establece también la verdad de su antecesora. Si demostramos que A entonces B, entonces erróneamente podemos deducir que si B entonces A llevándonos a esta falacia, apoyada en el sesgo de simetría.
Ejemplo aplicado al marketing: «Si está cerrado, no puedo comprar; entonces si no puedo comprar, debe estar cerrado». Efectivamente, si está cerrado, no puedo comprar, pero no necesariamente si no puedo comprar es porque está cerrado.
Negación del antecedente
También denominada como implicación vacua, ocurre que si A entonces B, si negamos A entonces tampoco ocurre Q. Por tanto, en esta falacia si se niegan el antecedente entonces se negará también la consecuencia.
Ejemplo aplicado al marketing: «Si no lo comunicamos el público no nos criticará, por tanto si lo decimos el público nos criticará». Este argumento no tiene por qué ser cierto, por lo que de nuevo se aplica el sesgo de simetría.
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