Buscar personas que no estén de acuerdo contigo tiene como objetivo incorporar, de forma deliberada, puntos de vista que cuestionan tus ideas, hábitos de pensamiento y certezas.
El desacuerdo es una gran práctica de higiene mental, porque sirve para detectar ángulos muertos, revisar argumentos mal construidos y ampliar la calidad de criterio antes de decidir, opinar o actuar.
Tendemos a sentirnos cómodos entre quienes validan lo que pensamos y esa sensación resulta agradable, pero empobrece mucho sin darnos cuenta. Cuando todo está bien, el pensamiento se acomoda y se vuelve previsible. A partir de ahí, el riesgo crece, ya que confundimos coincidencia con verdad. El sesgo de confirmación es bastante dañino.

