Hoy le dedico el post a una emoción marcada por una intensa sensación: el miedo. Lo único que puedo decirte de tu a tu es que siempre estás ahí para sacar lo mejor de mi.
Tu, miedo, que de forma habitual nos generas rechazo y malestar, nos provocas la percepción de peligro, real o supuesto, y te fundamentas en cualquiera de las etapas de tiempo: pasado, presente o futuro.
El miedo está fundamentado como emoción primaria
Viene originado por nuestra aversión natural al riesgo o la amenaza. Miedo, pánico, terror, llámale como quieras, siéntelo como quieras.
Existe y nos provoca respuestas. Podemos afrontarlo, podemos evadirlo u ocultarlo, pero su presencia siempre nos intimida como seres humanos que somos y sentimos. Podemos elegir diversos caminos ante él y es muy fácil y bonito hablar sobre cuál elegir, pero definitivamente el marca el camino cuando hace acto de presencia y seguramente nunca estamos preparados para enfrentarnos a tan poderoso caballero oscuro.

Esto no impide que seamos capaces de aprender de él. Aprender de mirarle a los ojos, esos ojos oscuros que jamás sabemos dónde están, hacia dónde miran ni qué pretenden, pero que con certeza nos miran de una forma u otra.
Yo creo que el miedo me acompaña en cada momento, que jamás desaparece, tan solo que hay momentos en los que no le presto tanta atención, pero de forma inconsciente se que está ahí y se que me puede ayudar a ser mejor, a saber estar y a saber competir.
No veo el miedo como algo negativo, que puede serlo, sino como esa voz externa que te susurra al oído qué pasará si no estás a la altura, si no cumples las expectativas o si no das todo lo que tienes. Si él no estuviera ahí, quizás no podría sacar lo mejor de mi. Quizás seas tu, miedo, quien se complemente muchas veces con mis vocecillas interiores.
Siento miedo, constantemente, pero no significa nada malo, puede que todo lo contrario. Hay que saber leer entre líneas.
Photo credit: ipernity


