Tercer post de la serie dedicada a la Teoría de las Inteligencias Múltiples de Gardner. Se trata de un modelo diseñado por el psicólogo estadounidense Howard Gardner que se contrapone al paradigma de una inteligencia única.
Gardner propuso que la vida humana requiere del desarrollo de varios tipos de inteligencia, en concreto 8. Esta propuesta no entra en contradicción con la definición científica de la inteligencia, que citamos como la «capacidad de solucionar problemas o elaborar bienes valiosos«.
Esta teoría apunta que existen casos evidentes donde los individuos manifiestan unas habilidades cognitivas extremadamente desarrolladas. Pero, por otra parte, presentan otras muy poco desarrolladas. Gracias a esta investigación, podemos conocer de manera más detallada cada una de las inteligencias propuestas por Gardner. En este post, veremos dos nuevos tipos.
Inteligencia lingüística corporal y cinestésica
Las habilidades corporales y motrices que necesitamos para manejar herramientas o para expresar ciertas emociones son un aspecto clave en el desarrollo. La habilidad para usar herramientas es considerada inteligencia corporal cinestésica. Por otra parte, hay otras capacidades más intuitivas. Por ejemplo, el uso de la inteligencia corporal para expresar sentimientos a través de nuestro cuerpo.
Son especialmente destacados en este tipo de inteligencia los bailarines, actores, deportistas, cirujanos o creadores plásticos. Todos ellos tienen que emplear de manera racional sus habilidades físicas.

Inteligencia intrapersonal
En este caso, nos referimos a un tipo de inteligencia que nos ayuda a comprender y controlar el ámbito interno de uno mismo. Es decir, hablamos sobre la regulación de las emociones y del foco de atención.
Quienes destacan en inteligencia intrapersonal son capaces de acceder a sus sentimientos y emociones y reflexionar sobre ello. Según Gardner, esta inteligencia también permite profundizar en la introspección y entender las razones por las que somos de la manera que somos.
Por otro lado, permite saber distanciarse de situaciones complejas y minimizar un impacto emocional negativo. También, saber identificar los sesgos de pensamiento propios, lo que favorece un buen nivel de bienestar.
En el siguiente post, último de la serie, hablaremos sobre inteligencia lingüística e inteligencia naturalista.
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